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El obispo preside la celebración de la Navidad en la Catedral
Monseñor Valera presidió en la catedral la celebración de la Navidad junto a los canónigos y a un nutrido grupo de fieles que asistió a la solemnidad acompañada en los cantos por el Coro Sacro "Jerónimo Aguado".
En la homilía el obispo dijo que “el niño que contemplamos anoche envuelto en pañales y acostado en un pesebre, hoy se nos presenta como verdadera palabra de Dios, el hijo que vive en Dios desde la eternidad, como confesamos en nuestra profesión de fe: Dios de Dios, Luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero. En Belén nace de María un niño que es la palabra misma de Dios humanizado, es el hijo de Dios que se ha hecho el hijo del hombre”.
Quiso resaltar Fernando Valera que en el relato de la Natividad los evangelios hablan de un entorno pobre, sobrio, inapropiado para acoger a una mujer que va a dar a luz, pero “la humildad ha sido la puerta de entrada al misterio de luz y la humildad”. Apeló también a palabras del papa Francisco cuando en su reciente discurso ante la curia afirmó que sin humillación no hay humildad. Reconoció el prelado en esas palabras del papa su fuerza evangelizadora al identificarlas como una invitación personal a leer la historia de cada uno “como historia de salvación”, como una oportunidad para abrirse “al camino de humildad que tantas veces le pido al Señor ante el Cristo del Seminario. Y ahí descubro que Jesús me alcanza en su pequeñez, en su fragilidad, ahí encontramos q el fin del hombre es acoger a Dios en la propia vida”.
Tal y como ha expresado en su mensaje de Navidad, en esta ocasión grabado en la parroquia de Andavías, debemos tener esperanza, porque “Dios lo puede perdonar, redimir y sanar todo. Dios es capaz de lo imposible”. Continuó el obispo afirmando que “la humildad es saber comprender que no tenemos que avergonzarnos de nuestra fragilidad. Jesús nos enseña a mirar nuestra miseria con el mismo amor y ternura con el que se mira a este niño pequeño, frágil, necesitado. Jesús toma la fragilidad y debilidad y nos hace existencia ofrecida y entregada.
Finalmente, Monseñor Valera quiso citar unas palabras del papa con especial resonancia para el año jubilar que está viviendo la diócesis. Y es que según el papa “el humilde vive y conjuga especialmente dos verbos: recordar y generar. Recordar las raíces y generar fruto de las raíces a las ramas” para, de este modo, "vivir la libre apertura de la fecundidad". Explicó el obispo que “recordar etimológicamente significa traer al corazón, traer la tradición del pasado, pero no como culto al pasado, sino como un traer al corazón aquello que nos ha precedido, aquello que nos ha traído hasta aquí, hasta el portal de Belén. Recordar no es repetir sino reavivar y con gratitud dejar que la fuerza del Espíritu Santo llene de luz nuestro corazón como a los primeros discípulos”. Y junto al verbo recordar aparece el de generar. “Al hombre humilde no solo le interesa el pasado sino también el futuro porque sabe mirar hacia delante, sabe contemplar la vida con memoria llena de gracia. El humilde genera, empuja hacia aquello que no se conoce. El soberbio en cambio repite, se endurece y se encierra en su repetición, se siente seguro de lo que conoce y teme a lo q no conoce porque no puede controlarlo, le hace sentirse desestabilizado”
Terminó invitando a los presentes a ser testigos de la luz en el seguimiento del señor y deseando una feliz navidad para todos.
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