Con este rito penitencial se ha abierto el camino de cuarenta días que conduce a la celebración central del año litúrgico: la Pascua del Señor, actualización sacramental del misterio de su muerte y resurrección. La Cuaresma se ha presentado como un tiempo de gracia orientado a la conversión del corazón y a la renovación de la vida bautismal.
En su homilía, Mons. Fernando Valera ha subrayado el significado profundo del signo de la ceniza: «La ceniza que pronto marcará nuestra frente no es un signo de derrota, sino el “humus”, la tierra bendecida que reconoce su necesidad de Dios». Con estas palabras, ha invitado a comprender este gesto como expresión de humildad y apertura a la acción transformadora de la gracia.
El obispo ha insistido en que la conversión no puede reducirse a cambios externos o formales: «Convertirse no es cambiar una costumbre externa; es dejar que Dios toque la raíz de lo que somos». En esta línea, ha recordado la llamada del profeta Joel a volver al Señor «de todo corazón» y ha exhortado a “rasgar el corazón” antes que las vestiduras, permitiendo que Dios transforme la vida desde su interior.
Asimismo, ha destacado la dimensión comunitaria del camino cuaresmal, apelando a la superación de los individualismos y al fortalecimiento de la comunión eclesial. La Cuaresma, ha señalado, constituye una oportunidad para recuperar el sentido del “nosotros” y ofrecer un testimonio creíble de unidad.
En referencia a los pilares tradicionales de este tiempo —la oración, el ayuno y la limosna—, Mons. Valera ha recordado que han de vivirse desde la autenticidad y la interioridad: «La limosna no es dar lo que sobra, es reconocer al otro como carne de mi carne». Del mismo modo, ha animado a crecer en una oración confiada y en un ayuno que favorezca la libertad interior.
La imposición de la ceniza, acompañada de las palabras «Conviértete y cree en el Evangelio» o «Polvo eres y en polvo te convertirás», ha expresado el reconocimiento de la propia fragilidad y el deseo de emprender un camino de renovación. La sobriedad de los signos litúrgicos propios de este tiempo ha subrayado el carácter penitencial y preparatorio de la Cuaresma.
De este modo, la Diócesis de Zamora ha iniciado el itinerario cuaresmal con la mirada puesta en la Pascua, invitando a los fieles a vivir estos días como una verdadera experiencia de conversión, comunión y esperanza.
Homilía del obispo